La periodista Qurat-Ul-Ain Rehbar, que vive en la Cachemira administrada por la India, estaba de viaje cuando una amiga la llamó para decirle que la habían puesto a la venta. Le explicó que alguien había tomado una foto suya disponible públicamente, le había creado un perfil y la describía como la «oferta del día» en una subasta falsa.

Rehbar era una de las más de 100 mujeres musulmanas cuyos nombres y fotografías se mostraban en ese sitio web de subastas falsas, que se alojaba de forma anónima en GitHub a principios de enero.

Después de una fuerte reacción masiva en las redes sociales, GitHub eliminó esa web, que se llamaba Bulli Bai, un término despectivo contra las mujeres musulmanas. Pero eso fue solo uno de los últimos incidentes online dirigidos a los musulmanes en India, y a las mujeres musulmanas en particular, muchas de las cuales han hablado abiertamente sobre la creciente ola de nacionalismo hindú desde que el primer ministro Narendra Modi llegó al poder en 2014.

En julio del año pasado, otro sitio de subastas falso, llamado Sulli Deals, tenía perfiles de más de 80 mujeres musulmanas. En la app de la red social de audio Clubhouse, los hombres hindúes ‘subastan’ partes de los cuerpos de las mujeres musulmanas y abiertamente lanzan amenazas de violación. En diciembre, los líderes hindúes organizaron un evento en la ciudad de Haridwar (India) en el que llamaron al genocidio contra los musulmanes. Poco después, los vídeos que contenían discursos provocativos se volvieron virales en las redes sociales.



En las primeras semanas de enero, la policía realizó arrestos relacionados con ambos sitios de subastas online. Pero en general, según los críticos, el Gobierno indio no está haciendo lo suficiente para detener el ataque online a las mujeres musulmanas. «Si nuestro Gobierno sigue permaneciendo en silencio frente a este tipo de incitación al odio, el mensaje que enviará es que ese comportamiento criminal contra las minorías quedará impune«, destaca la fundadora de la iniciativa de periodistas, abogados y activistas de la sociedad civil Free Speech Collective, Geeta Seshu.

Un rastreador independiente de delitos de odio documentó más de 400 delitos de odio contra los musulmanes en India en cuatro años, hasta que su cuenta de Twitter fue bloqueada en 2021.

Las mujeres musulmanas objeto de las webs de subasta incluyen a periodistas, activistas, abogadas, políticas, locutoras de radio, pilotos y profesoras universitarias; todas son activas en redes sociales y se pronuncian sobre problemas, específicamente sobre el aumento de la islamofobia en la India. Rehbar opina: «Creo que el ataque fue pensado para silenciar a quienes hablan en las redes sociales. Se trata de un crimen de odio contra las mujeres musulmanas en particular».

La abogada de la Corte Suprema de India y fundadora de la iniciativa de ciberseguridad Cyber Saathi N.S. Nappinai afirma que las fuerzas policiales se han movido lentamente en estos casos, especialmente en el de Sulli Deals del año pasado. «Si la aplicación de la ley hubiera sido más rápida, posiblemente se hubiera evitado ese efecto imitación», señala Nappinai.

La acción lenta es parte de un patrón más amplio, asegura la directora de Human Rights Watch para el sur de Asia, Meenakshi Ganguly. Las autoridades acusan rápido a los críticos del Gobierno, indica Ganguly, pero «rara vez se procesan los discursos de odio y las acciones violentas de los partidarios del Gobierno».

Las empresas de redes sociales, que tienen la capacidad de eliminar las publicaciones ofensivas y detener la desinformación, no están llenando ese vacío. «Las empresas de tecnología eliminan contenido según las normas de su comunidad y las leyes locales. En este caso, ambas fueron violadas», resalta el miembro del Centro para la Gobernanza Digital de la Comunicación de Internet Freedom Foundation en Delhi (India) Krishnesh Bapat. «GitHub, que yo sepa, no elimina el contenido de manera proactiva. Lo hace solo después de recibir una denuncia, y en este caso tardó más tiempo». GitHub no respondió a una solicitud de comentarios sobre sus políticas.

En India, casi todas las formas de acoso online están incluidas en la categoría general de ciberacoso. La Ley de Tecnología de la Información de la India de 2000, conocida como la Ley Cibernética, regula el abuso online. Esa ley iba a abordar el comercio electrónico, pero se modificó en 2008 para cubrir también los ciberdelitos. El acoso también está en el Código Penal del país, señala Nappinai, lo que puede ayudar a proteger a las víctimas en casos graves. 

Sin embargo, algunas personas creen que las leyes sobre la actividad online del país necesitan revisión. La abogada de Internet Freedom Foundation Anushka Jain considera que el mundo digital ha cambiado demasiado para que la ley sea efectiva. «Algunas de las disposiciones de la Ley [Cibernética] se han vuelto redundantes e incapaces de abordar los problemas que persisten actualmente y los cambios y amenazas que evolucionan rápidamente», afirma Jain, y añade que el Gobierno necesita un enfoque holístico de la ciberpolítica, que incluya leyes más estrictas.

Además del acoso, los musulmanes en la India también tienen problemas con la desinformación online. Por ejemplo, en septiembre del año pasado, ID Fresh, la empresa de productos alimenticios con certificado halal propiedad de una familia musulmana,  se enfrentó a una campaña de desinformación a gran escala en las redes sociales que aseguraba que la empresa mezclaba huesos de vaca y cuajo de ternera para aumentar el volumen de productos listos para comer e instaba a «todos los hindúes» a evitar sus productos. La empresa sufrió un boicot y vio caer sus ventas; tuvo que lanzar su propia campaña en respuesta para aclarar las cosas.

Hasta ahora, parece haber poca acción para cambiar esta situación por parte de las empresas tecnológicas o del Gobierno indio. Eso ha dejado pocos remedios para víctimas como la piloto de vuelos comerciales Hana Mohsin Khan, que usó Twitter para expresar su enfado cuando vio su foto en la subasta de enero. «Las mujeres musulmanas fueron atacadas de nuevo. Una vez más, no habrá acción», escribió. «Estamos atrapadas en un ciclo interminable de rabia y angustia. De cada día».

Safina Nabi

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