¿Qué es el género? ¿Cuáles son sus implicaciones? ¿Por qué hablamos de género no binario? Contestamos a estas preguntas para entender la evolución social.

El reciente estreno de la tercera temporada de la serie de Netflix Sex Education y, con él, la aparición de un nuevo personaje, Cal Bowman, quien se autodefine como “no binarie”, pone en escena el debate sobre las personas que encarnan identidades de género no binarias y las situaciones que afrontan en el día a día.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de género no binario? Para dar respuesta a esta pregunta tendremos primero que comprender qué es el género, cuál es la relación entre sexo y género y qué implicaciones sociales tiene la construcción de identidades de género alternativas en un mundo aparentemente organizado desde una lógica binaria.



El género, más allá del sexo

La palabra “género”, por definición, remite a la idea de categorización, clasificación y diferenciación entre distintos ítems. Su uso en las ciencias sociales cubre la necesidad de comprender la forma en la que nos constituimos como sujetos, más allá de las fronteras deterministas del sexo biológico.

De este modo, mientras que el sexo haría referencia, de manera general, a las características fisiológicas, biológicas y anatómicas de los cuerpos que permiten que un individuo sea clasificado como “macho” o “hembra”; el género apelaría a los procesos históricos y socioculturales a través de los cuales un cuerpo llega a convertirse en “mujer” u “hombre”, a incorporar y reproducir los roles y comportamientos asociados (e impuestos) a cada sexo o, incluso, a las formas en las que se transgreden dichos mandatos convencionales.

Por lo tanto, el género es a la vez una construcción social y la interiorización (o no) de dicha construcción por parte de un individuo. Este proceso de interiorización está ligado con el concepto de “identidad de género”.

La identidad de género puede comprenderse como la experiencia individual, pero también socialmente constituida acerca de cómo nos percibimos en relación con nuestra sexualidad y con nuestras formas de ser, experimentar y estar en el mundo. En este sentido, nuestra identidad de género puede coincidir con nuestro sexo biológico, o puede no coincidir.

Hemos planteado hasta aquí el esquema sexo-género desde categorías binarias, sin embargo ¿qué ocurre cuándo nuestra identidad de género no solo no coincide con nuestro sexo biológico, sino que además parece no ajustarse a las categorías de lo masculino o lo femenino? Estamos ahora frente a una identidad de género no binaria.

El género no-binario: afirmando la indeterminación

Hemos aprendido a comprender el mundo a partir de una lógica binaria. Pares como razón/emoción, cultura/naturaleza o mente/cuerpo hacen parte constitutiva del pensamiento de la modernidad del que somos indiscutibles herederos.

Desde el punto de vista del género, la dicotomía entre masculino (macho)/ femenino (hembra) ha sido fundamental en la forma en la que hemos intentado comprender las relaciones entre unos y otros, el deseo, la estética, el erotismo y la identidad.

Este binarismo de género se sostiene en el marco de un sistema cisnormativo en el que el parámetro de la “normalidad” estaría dictado a partir de la coincidencia entre la identidad de género y el sexo biológico, señalando como “anormales” aquellas identidades que no coincidan con la expectativa cisgénero.

Sin embargo, durante las últimas décadas han ido visibilizándose identidades no normativas, que buscan poner en cuestión el binarismo de género y la rigidez identitaria de un sistema que solo admite dos opciones como válidas.

De esta forma, el género no binario es un concepto que permite dar cuenta de aquellas personas que no se identifican como hombres ni como mujeres, lo que no necesariamente significa que sea esta una identidad “intermedia” entre los dos extremos del espectro binario.

Quienes se reconocen como “no binaries” puede que no se identifiquen con ningún género y busquen una expresión de género neutra o tendiente a la androginia o puede que transiten (simultánea o alternativamente) entre las expresiones de género masculinas y femeninas.

¿Identidades periféricas?

Cuestionar desde la propia existencia el binarismo de género en ocasiones produce ser blanco de críticas, hostigamientos y violencias, cuyo origen y consecuencias desbordan el propósito de este texto, pero que vale la pena señalar brevemente, a manera de conclusión.

El sistema sexo/género está profundamente arraigado en los procesos de construcción identitaria y desde allí se generan y reproducen violencias sobre aquellas corporalidades que se señalan como no normativas.

La violencia física y simbólica y todas las formas de discriminación a las que se ve expuesta la comunidad trans, las personas de género fluido y las personas queer son parte del reflejo visible del entramado de opresiones que enfrentan quienes expresan una identidad de género alternativa.

Resulta pertinente plantearnos la pregunta acerca de qué es aquello que incomoda en la indeterminación de género. ¿Qué nos impide como sociedad romper con el pensamiento binario y abrirnos a nuevas formas de habitar el mundo, desnaturalizando las dicotomías y las estructuras de dominación que jerarquizan unos cuerpos y unas experiencias por encima de otras?

Helena Sutachan

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